Sunday, June 25, 2017

Los dos hermanos y el ángel guardián


Había una vez dos hermanos que habían heredado un campo. Sus padres habían fallecido hace poco y tenían que hacer algo para salir adelante.
Los dos hermanos decidieron trabajar por separado, así que dividieron la tierra por la mitad, y empezaron a esforzarse para obtener resultados.
El primer hermano era tan trabajador como el segundo, y se pasaba arando la tierra día tras día y semana tras semana.
Pero sus resultados no eran buenos. Apenas le alcanzaba para comer y comprar ropas, pero nunca podía cumplir su sueño de ampliar la casa, y descansar por lo menos unos días al año.
Un día decidió ir a visitar al segundo hermano para ver como andaban sus cosas, y se encontró con algo impresionante:
Su campo era hermoso, y había avanzado muchísimo desde que empezó a trabajarlo. Tenía muchos animales, y su casa era grande y espaciosa.
El primer hermano no podía creer lo que veía, y entonces decidió preguntar cuál era el secreto de su éxito.
Entonces el segundo hermano le contesto:
“Tengo un ángel que me cuida, y me ayuda, y por eso progreso.”
Tú también tienes un ángel personal, así que ve a buscarlo, y pídele ayuda.
El primer hermano escucho con atención, e inmediatamente se dirigió a sus tierras, buscando a su ángel personal.
Camino durante un tiempo, hasta que se encontró con un árbol de muchas hojas, y un ángel durmiendo a la sombra.
Al despertarlo, empezó a reprocharle el hecho de que no le ayudaba para nada con su labor.
El ángel muy apenado le contesto que le daría toda su ayuda, pero que debía trabajar duro, y hacer las cosas correctamente para que todo salga bien.
Entonces el primer hermano siguió trabajando sus tierras todavía más duro que antes, y no dejaba de pensar que esta vez lo conseguiría.
Sin embargo, los resultados eran aun peores que antes.
Resignado, decidió que su ángel no servía para nada, y que se iría de ese lugar, para encontrar algo mejor en la vida.
Pero antes, debía vender el resto de los animales en el mercado, para hacerse algunas monedas y empezar de nuevo con lo poco que le quedaba.
Si dirigió al mercado con las últimas 3 cabras que le quedaban y empezó a negociar con un comprador para poder sacarles el mejor precio.
En ese momento, su vida dio un vuelco: consiguió vender sus 3 cabras, por el doble de precio que realmente valían.
Cuando levanto su mirada hacia el cielo, vio la cara sonriente de su ángel personal, este le guiño el ojo y desapareció.
Al poco tiempo, el primer hermano se convirtió en uno de los mercaderes más habilidosos de toda la región, y logró cumplir su sueño.
La moraleja de este cuento:
Todos tenemos un ángel guardián que nos ayuda en ciertas tareas, pero ¡lo importante es que tenemos que hacer las tareas correctas!
El ángel nunca le ayudaría a arar la tierra, porque simplemente no era su vocación.
Si no quieres que tu ángel guardián se eche bajo la sombra de un árbol, debes buscar que te ayude hacer cosas en las que realmente eres bueno.
Un amigo mío, creía firmemente que su vocación era la de un médico y después de años perdidos de esfuerzos, y estudios, termino siendo un excelente contador. Hoy en día, disfruta 100% su trabajo, y no piensa dejar de hacer lo que hace por nada en el mundo.
A veces creemos que nuestra vocación es tal cosa, pero con el correr del tiempo, las cosas simplemente no se dan.
Y siempre le echamos la culpa a alguna circunstancia que pareciera que se interpone en nuestros objetivos.
Pero en realidad, lo que necesitamos entender, es que estamos arando tierras que no darán resultados, y nuestro ángel guardián está descansando por ahí.


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