Había
una vez dos hermanos que habían heredado un campo. Sus padres habían fallecido
hace poco y tenían que hacer algo para salir adelante.
Los
dos hermanos decidieron trabajar por separado, así que dividieron la tierra por
la mitad, y empezaron a esforzarse para obtener resultados.
El
primer hermano era tan trabajador como el segundo, y se pasaba arando la tierra
día tras día y semana tras semana.
Pero
sus resultados no eran buenos. Apenas le alcanzaba para comer y comprar ropas,
pero nunca podía cumplir su sueño de ampliar la casa, y descansar por lo menos
unos días al año.
Un día
decidió ir a visitar al segundo hermano para ver como andaban sus cosas, y se
encontró con algo impresionante:
Su
campo era hermoso, y había avanzado muchísimo desde que empezó a trabajarlo.
Tenía muchos animales, y su casa era grande y espaciosa.
El
primer hermano no podía creer lo que veía, y entonces decidió preguntar cuál
era el secreto de su éxito.
Entonces
el segundo hermano le contesto:
“Tengo un ángel que me cuida, y me ayuda, y por eso
progreso.”
Tú
también tienes un ángel personal, así que ve a buscarlo, y pídele ayuda.
El
primer hermano escucho con atención, e inmediatamente se dirigió a sus tierras,
buscando a su ángel personal.
Camino
durante un tiempo, hasta que se encontró con un árbol de muchas hojas, y un
ángel durmiendo a la sombra.
Al
despertarlo, empezó a reprocharle el hecho de que no le ayudaba para nada con
su labor.
El
ángel muy apenado le contesto que le daría toda su ayuda, pero que debía
trabajar duro, y hacer las cosas
correctamente para que todo salga bien.
Entonces
el primer hermano siguió trabajando sus tierras todavía más duro que antes, y
no dejaba de pensar que esta vez lo conseguiría.
Sin embargo, los
resultados eran aun peores que antes.
Resignado,
decidió que su ángel no servía para nada, y que se iría de ese lugar, para encontrar
algo mejor en la vida.
Pero
antes, debía vender el resto de los animales en el mercado, para hacerse
algunas monedas y empezar de nuevo con lo poco que le quedaba.
Si
dirigió al mercado con las últimas 3 cabras que le quedaban y empezó a negociar
con un comprador para poder sacarles el mejor precio.
En
ese momento, su vida dio un vuelco: consiguió vender sus 3 cabras, por el doble
de precio que realmente valían.
Cuando levanto su mirada hacia el cielo, vio la cara sonriente
de su ángel personal, este le guiño el ojo y desapareció.
Al
poco tiempo, el primer hermano se convirtió en uno de los mercaderes más
habilidosos de toda la región, y logró cumplir su sueño.
La
moraleja de este cuento:
Todos tenemos un ángel guardián que nos ayuda en
ciertas tareas, pero ¡lo importante es que tenemos que hacer las tareas
correctas!
El
ángel nunca le ayudaría a arar la tierra, porque simplemente no era su
vocación.
Si no quieres que tu ángel guardián se eche bajo la
sombra de un árbol, debes buscar que te ayude hacer cosas en las que realmente
eres bueno.
Un
amigo mío, creía firmemente que su vocación era la de un médico y después de
años perdidos de esfuerzos, y estudios, termino siendo un excelente contador. Hoy
en día, disfruta 100% su trabajo, y no piensa dejar de hacer lo que hace por
nada en el mundo.
A
veces creemos que nuestra vocación es tal cosa, pero con el correr del tiempo,
las cosas simplemente no se dan.
Y
siempre le echamos la culpa a alguna circunstancia que pareciera que se
interpone en nuestros objetivos.
Pero
en realidad, lo que necesitamos entender, es que estamos arando tierras que no
darán resultados, y nuestro ángel guardián está descansando por ahí.
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